La reacción del principiante es meterlo todo. Cuanto más enseño, más opciones de que algo guste. Es al revés: tu portfolio se juzga por su pieza más floja, no por la mejor.
Quien contrata no suma tus trabajos, los promedia. Un proyecto malo entre cinco buenos te baja la media entera.
Qué proyecto se queda
Cada pieza tiene que ganarse el sitio respondiendo a una sola pregunta: ¿qué demuestra que las demás no? Si dos enseñan lo mismo —dos webs de restaurante parecidas—, sobra una. Enseña rango: un producto digital, una identidad, algo con datos. No cinco variaciones del mismo encargo.
Piénsalo como un examen: cada pieza responde a una pregunta distinta del tribunal. Un producto digital dice que sabes de flujo; una identidad, que sabes de sistema; algo con datos, que sabes medir. Repetir la pregunta no sube la nota.
El ejemplo de siempre
Marta tenía doce proyectos y ninguna oferta. Quitó nueve, dejó tres y reescribió cada uno. La llamaron en dos semanas. No hizo trabajo nuevo: quitó el que la enterraba.
Cómo eliges los tres
- Ordena por resultado, no por cuál te divirtió más hacer.
- Rompe los empates: si dos demuestran lo mismo, se queda el de mejor resultado y el otro se va.
- Comprueba el rango: entre los tres, al menos dos tipos de trabajo distintos.
- Pon el más fuerte arriba. Es el que decide si siguen bajando.
Al revés falla: si ordenas por cariño, acabas abriendo con tu tercer mejor trabajo y enterrando el bueno en mitad de la página, donde no llega nadie.
El error típico: dejar un proyecto flojo «porque me costó mucho». El esfuerzo no se ve; el resultado sí. Si no está a la altura, fuera.
Treinta piezas
De todo, sin orden. El bueno se pierde entre el relleno.
Tres piezas
Elegidas. Cada una demuestra algo que no demuestran las otras.
Hoy: lista tus trabajos, ponles nota del 1 al 10 y borra todo lo que baje de 8. Lo que quede es tu portfolio.