Es la primera decisión al poner precio, y la que más dinero deja o quita. Cobrar por hora parece justo —pagas lo que trabajo— pero castiga justo lo que un buen diseñador hace mejor con los años: tardar menos.
Por hora
Cuanto mejor eres, menos cobras por el mismo trabajo. Y toda mejora de tu eficiencia se la queda el cliente.
Por proyecto
Cobras por el resultado. Si lo haces en la mitad de tiempo, el beneficio es tuyo.
Por hora tiene un techo: las horas que tiene un día. Por proyecto, el techo lo pone el valor de lo que entregas.
El ejemplo que lo ordena: un logo que tardabas ocho horas ahora, con oficio, lo bordas en cuatro. Por hora acabas de recortarte la factura a la mitad por ser mejor. Por proyecto cobras lo mismo y te queda media jornada libre para otro cliente. La eficiencia, en un caso, es del cliente; en el otro, tuya.
Cómo se calcula un precio por proyecto
- Estima las horas con sinceridad.
- Multiplica por 1,4. Siempre se tarda más.
- Aplica tu tarifa horaria objetivo.
- Suma las revisiones que incluyas.
Cuándo el por hora sí tiene sentido
El precio cerrado necesita un alcance cerrado. Si el cliente aún no sabe qué quiere, o es un acompañamiento abierto de «vamos viendo», el por hora te protege: sin él, cada cambio de idea te lo comes tú. Ahí no es peor, es el que corresponde.
El punto medio que usan casi todos
No hay que elegir de forma pura. Lo más habitual es un precio por proyecto partido en hitos: una parte al firmar, otra al aprobar la primera propuesta y el resto al entregar. Cobras por resultado, pero el cliente no suelta todo de golpe y tú no trabajas dos meses sin ver un euro.
Al cliente no le importan tus horas, le importa lo que consigue. Por eso el precio por proyecto se explica solo por el valor —«una identidad con la que tu web venda más»—, mientras que el por hora invita a discutir cada minuto que le echaste.
Nunca des un precio en la primera llamada. «Te lo mando por escrito mañana» es una respuesta profesional y te ahorra el precio dicho a bote pronto, que siempre es bajo.
Hazlo hoy: coge tu último encargo y calcula qué habrías cobrado por hora frente a por proyecto. La diferencia suele abrir los ojos.